Maternidad

Crianza respetuosa… ¿con quién?

A mediados del siglo XX se decía que la causa del autismo eran las «madres nevera»: madres que no trataban a sus hijos con suficiente afecto, resultando en una frialdad emocional y una carencia tan grande de amor que estos «se retiraban del mundo». Como es de esperar, esta absurdez de teoría fue desmentida más adelante, pero hizo un daño inmenso a muchísimas madres, que fueron juzgadas y estigmatizadas por la sociedad y los médicos, y cargaron durante años una culpa inconmensurable.

Hoy ya nadie habla de «madres nevera», pero la culpa materna sigue gozando de muy buena salud. Solo ha cambiado de disfraz.

Existe una idea muy clara de lo que convierte a una mujer en una «buena madre». Una madre que está siempre disponible. Que nunca pierde la paciencia. Que juega, estimula, valida emociones, alimenta de forma saludable, evita las pantallas, conoce las ventanas de sueño, fomenta un apego seguro y, por supuesto, disfruta de cada etapa. Y cualquier desviación de ese ideal parece acercarnos peligrosamente a la etiqueta de «mala madre».

Para intentar huir de esta etiqueta, muchas mujeres tratan de llegar a la maternidad lo más preparadas posible. Y, en la era de la información —el momento de la historia en el que más acceso tenemos al conocimiento—, esto suele traducirse en leer sobre embarazo, lactancia, sueño, alimentación, desarrollo infantil, crianza respetuosa, parentalidad positiva y un sinfín de términos nuevos. A priori, esto no tiene por qué ser malo. Lo que sucede es que, no pocas veces, toda esa información se convierte en una fuente de presión, más que en una ayuda. De repente, son miles las variables a tener en cuenta en todo momento, miles de decisiones que tomar «correctamente» y miles de cosas de las que no puedes olvidarte si quieres hacerlo bien. Así, cualquier error acaba viviéndose como un fracaso gigantesco, en lugar de como una parte completamente normal de cualquier proceso de aprendizaje.

«Me esfuerzo por hacerlo lo mejor que puedo… y siento que nunca acierto»

«Quiero hacer una crianza respetuosa y luego acabo perdiendo los nervios y gritándole yo a mi hija…»

«¿Qué me pasa? ¿Por qué soy incapaz de hacerlo como sé que debería?»

Y aquí es donde a mí me surgen dos preguntas:

¿En qué condiciones estás intentando llevar a cabo esa crianza respetuosa?

Y, sobre todo… ¿respetuosa con quién?

Porque una madre que duerme cuatro horas (con suerte), no tiene una red de apoyo en quien delegar, asume la mayor parte de las tareas del hogar y la carga mental y física de los cuidados, acaba de pasar por un embarazo y un parto, está recuperándose física y emocionalmente y, además, intenta aplicar a la perfección todo lo que ha leído, no está fallando por falta de conocimientos. Está, sencillamente, desbordada.

¿Quién cuida a la que cuida?

No puede haber una crianza respetuosa partiendo de una madre desbordada.
La crianza será respetuosa si respeta también las necesidades de la mamá.

Si necesitas acompañamiento en tu proceso de maternidad, puedes escribirme a info@psiconmigo.com. Estaré encantada de ayudarte a encontrarte de nuevo.

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